jueves, noviembre 05, 2009

Una mirada en Tornasol
(Presentación del libro “Tornasol”, Hugo Quintana, Ortiga Ediciones, 2009.)

Por Elgar Utreras Solano.
Director de Ortiga Ediciones.

“Cuando vengo
intuyo que me he ido hace un rato
pero cuando llego a aquel lugar
compruebo que jamás he estado
en aquella parte…”

Iniciar el viaje, entregarse enteramente al ritmo que ofrecen los pasos, como aquella frase de Bilbo Bolson:“Pones un pie en el camino, y si no cuidas tus pasos, no sabrás hacia dónde te pueden llevar”. Sin embargo, es necesario correr el riesgo, tornarse peligro y magia, como quien es seducido por entero a la aventura de las historias de hazañas de antiguos caballeros que enloquecen la cabeza de un viejo y que parece gritar: ¡Vivo!

No hay que temerle al camino, a salir de la patria, del terruño tan querido, ser un poco Abraham, que sale de Ur de los Caldeos, para encontrarse con el Infinito, y Hugo Quintana se atreve a dar los pasos necesarios que le permiten cruzar el lindero del refugio seguro del hogar, abandonando la ciudad de Chillán, donde junto a Pablo Troncoso, Jorge Rosas y quien redacta esta líneas de presentación, nos diéramos al ejercicio del oficio sagrado de la creación poética junto con saborear el refrescante elixir de la amistad. Por aquel tiempo (1998), Hugo da un paso más allá, escucha la voz del corazón diciéndole: Ve tras ti. Ese es el fuego primordial de Tornasol que se le ofrece en su misterio y encanto, como una novia secreta, en la cual se recoge, se mira, se palpa íntimamente.

Desde su residencia en Santiago, de miradas de humo y palabras de cemento, comienza a intuir destellos, pequeños descubrimientos como nos dice en Nocturno: “…quizá aportase con mis sonidos favoritos / un collar de melodías / a través del cual el firmamento / se nos volviera un poco menos inimaginable”. Acaso estos versos nos sugieren deliciosamente que el Universo entero está escondido en nosotros, y la poesía es la llave del arcano.

Entonces no se debe temer mirarse en los otros, ser quizás el otro, jugársela en el descubrimiento de lo que somos, ir más allá para saberse siempre desnudo detrás de las máscaras. Reencontrarse, tal vez con paisajes en los que no se descansó y que la memoria no alcanza en la distancia presente a despertar, pero están allí y nosotros en ellos habitándolos, poblando de nosotros esos páramos, donde nuestra voz habla en otras bocas, habla de amores y dulces derrotas, donde nuestros recuerdos nos reclaman como la sangre del justo Abel, como lo dice lúcidamente en Tornasol:

Pero hay cadáveres abandonados
empujados por los vientos a errar por los cerros
multicolores
en busca de quienes quemaron sus cuerpos
bajo estas entrañas.
Llorar entonces
es apenas un gesto celeste
que estos lugares añoran
porque junto con la huida de sus moradores
se fue el murmullo
un color arenoso y terso
una multitud de armazones
con que secar el Desierto de Atacama.”

Y qué decir de Brevis Karpien, Ricardo Fernández, Antonio Caeiro, Alejandro del Valle, como los cuatro elementos que conforman la Naturaleza, los cuatro puntos cardinales de la Rosa de los Vientos, o los mundos de la Ciencia Sagrada (baste señalar estos por ahora, como cita de algunos ejemplos), al igual que los cuatros dedos semejantes de la mano encubren uno distinto, la quintaesencia, en este coro es la voz de Hugo Quintana que surge como el caudal discreto que los unifica. Podríamos decir que él mismo es cada uno de ellos, y que cada una de estas voces, con sus historias personales, sus sueños, trabajos, frustraciones y esperanzas, es la voz de Quintana, como bien se desprende de la enseña del Talmud de que todo hombre es un mundo, y que Tornasol parece confirmar con estas palabras en Postfacio:

“Quizás hoy
alcance a ser un hombre distinto
un uno igual
aunque levemente nuevo”

Estas palabras, a modo de presentación, que han brotado del entusiasmo que despierta Tornasol, no pretenden ser una especie de manual, o texto de teoría, lejos está tal propósito de ufana sapiencia, es más es el testimonio de alegría que representa el obsequio generoso de poesía y de humanidad con que nos acoge el poeta Hugo Quintana y al cual nos sumamos en celebración. Un saludo fraterno para dar paso al deleite de las palabras, al mundo que cada uno descubrirá seducido por las luces que quedarán temblando en el alma desde la primera lectura, promesa de una aventura mayor en nuevos encuentros.

Bienvenidos todos a Tornasol.

Fraternalmente.

Fuente Info: http://letras.s5.com/hq260809.html

lunes, junio 16, 2008

Sergio Pravaz

Nació en la ciudad de Córdoba el 1° de diciembre de 1960. Egresó como Periodista Profesional de la Escuela Superior de Periodismo "Obispo Trejo y Sanabria" en 1985 en la ciudad de Córdoba, Argentina. Se especializó en Periodismo Cultural y en Prensa Institucional. Llegó a Rawson/Chubut/Patagonia Argentina en julio de 1988 huyendo de la mediocridad y deshumanización de las grandes ciudades.
Libros editados

“Calimba” (Trelew, Chubut, 1997). "Los héroes de la esquina" (Trelew, Chubut, 2000). "ContrArmonía" (San José de Costa Rica, Costa Rica, 2003).
Su ensayo “Libertad y Revolución: una mirada desde la poesía" fue presentado en la Universidad Nacional de la Patagonia, San Juan Bosco (Trelew/Chubut, 1999); en el Primer Congreso Mundial de Poesía de Santiago de Cuba (2000) y en el Tercer Encuentro de Culturas del Sur del Mundo (Trelew/Chubut, 2001). También ha sido publicado en diarios y revistas de Argentina, México y Costa Rica.

la cuerda

estamos esperando que el país
agite su bandera

que no desmienta
la montaña de sus huesos/

el sudario que golpea
contra el viento

estamos queriendo un grito
otra mirada que despiertela cuerda que dormita entre los bueyes
arte poética

el acto poético
es un golpe y un orgasmo

un mar desesperado/
una piedra
en los ventanales de los santos

que los torpes suden
como diablos en la niebla

aquí estaremos/
duros
como monte sin barranco.
24 HORAS DE SOL

Un aleteo de grave
levedad
desata un huracán de
latitudes;

... y ella va,
posando su
imprecisa devoción,
distrayendo la alegría
en corolas que bandean
en la hierba;

su despertar brama
lo silvestre ...

es otro arte, otra primavera;
una noción llana y perpetua
de observar el vuelo
en su milagro.
UN RELOJ DE PARPADOS AZULES

Hace muchos años
cuando los párpados de mi reloj
soñaron Patria,
me dijeron que esa palabra
era de santería ...

difícil de conjugar;

yo quiero recuperarla
tenerla para mi,

tocarla despacito
hasta descubrir
su naranjo recorrido;

me dijeron que fue violada
y que fue vaciada,

que la despojaron de todos sus olores,
de todos sus trapecios, de todos sus paisajes ...

y que ella continuó meciendo caderas
con torpeza,
sin rumbo y a tientas
sobre el alfalfar herido.

Pero los párpados de mi reloj
no se equivocan en su romero,

ni tiritan, ni dudan
en los salones de la intriga;

que crezca y me supere
es el pergamino oculto
en el azul de mis papiros ...

que se vaya tan alto
que yo quede nada
a sus huesos,

a su amor colérico de mar
a sus pérgolas sonoras
a sus brujas enjauladas
a su tiempo enlentecido.

Aún sobre la bruma
tiemblan sus dientes en la arena.

PARA YUPANQUI CUANDO REGRESE

Vengan a este confín
y observen esa luz sobre
la ciénaga;

se desparrama lento
y cubre poco a poco la rabia del olvido;

de su centro parte un rayo ...

asoma una vidala
se lame
una guitarra.

La tormenta se detiene
vengan a verla

observen las piedras
cuando tiemblan.

Hay un lugar exacto
un círculo ontológico
una razón, un continente ...

asómanse unos versos en su lecho.
CUANDO EL SOL PARTIO

Tuve un terremoto
entre mis manos

respiraba por mis dedos

su densidad era notable
tal vez porque era de mi talla
o de mi gusto

Lo cierto es que tuve
un terremoto entre mis manos ...

lo encerré dentro de mis puños
y disfruté como sólo lo hace
el tigre en su edad

Un día
lo dejé partir

Diana de la Fuente Ortega.
Nace 1981 en San Gregorio, comuna de Ñiquén, Chile. Actualmente reside en la ciudad de Chillán.
Junto a la poesía, desarrolla actividades de investigadora, junto con cultivar la música.
Por estos días, está llevando adelante la investigación: Sergio Hernández, el poeta de Chillán; generando también actividades culturales en la población Luis Cruz Martínez de Chillán; y un proyecto cultural que reune la poesía y la música.




El Otro.

Toda blasfemia, siempre encuentra a cualquiera
O se encuentra a sí misma
Ahogada en silencio
De ser nada sin el otro.



Hija del viento

La Hija del viento
Siente la lluvia
Entre los cuerpos del puente

En lo íntimo de un vagón muerto
Recuesta la memoria
Descansa su vientre
A la sombra de los rieles

Bajo cartones teñidos de hambre
Aspira a tarro sus sueños

En una esquina negocia amparo.

Desaparece a la luz del medio día

Se descubre con el viento
Al final de la niebla.
Como un árbol

Seca bajo el sol
Alucino
Mi pie enterrado hasta el fondo
Se extiende
El sol seca mis ojos
Mi piel arenosa me confunde
Y no me encuentro
Como un árbol busco algo en lo profundo.
Si todas las noches fueran como ésta


Si todas las noches fueran como ésta
El silencio rodaría en la ventana
El vaso aún estaría lleno

Si todas las noches fueran como ésta
Con carcajadas de amigos de otros lugares
Que invitan a dejar de lado lo usual

Si todas las noches fueran como ésta
Tu presencia estaría entera
Y el viejo que mira a través de la ventana
Estaría ahí
Como suplicando algo

Si todas las noches fueran
Como esta noche entera
Que lo tiene todo o casi todo.
Le arranqué las alas a un ángel


Le arranqué las alas a un ángel
Que bajó en la noche a beber agua

Lo tomé de espaldas y
Sujeté sus manos

Saqué mis tijeras

Él quedó tirado
En el suelo húmedo tras la niebla

A su dolor llegaron
Murciélagos a curar sus heridas

Sentí pena y lloré

Tengo las alas de un ángel.

viernes, diciembre 21, 2007

video

Sergio Hernández el poeta de Chillán

martes, octubre 23, 2007

video

Un Homenaje al poeta y escritor Alfonso Alcalde.

Poemas de Alfonso Alcalde.

"EL AHORCADO"


Hoy un hombre se subió a un árbol
y el árbol bajó por el hombre.
El ascendió por los frutos,
las hojas bajaron por sus ojos.
El hombre levantó las ramas.
La sombra quedó colgando
en un atado de pájaros
esperando más cargamento,
otras identificaciones,
nuevos espejos,
más coloquio.
No ese significativo
trepar y meterse en la corteza
y luego seguir esperando el otoño
con la lengua afuera.


"HABIAMOS NACIDO EL UNO PARA EL OTRO"

En realidad habíamos nacido
el uno para el otro.
Jamás tuvimos un "sí" o un "no".
Comíamos los dos de un mismo plato.
Ella leía, yo dormía.
La transfusión de ideas era magnífica.
La parentela se daba la mano los domingos.
Hacíamos intercambio de empanadas y pequeños
planes sumamente económicos; comprar maní; leer
una revista, hacer un viaje en ferrocarril.
No hay que complicarse la existencia.
Ese era el slogan favorito.
Y ya ven ustedes el resultado.
Para ponerle el broche de horo a nuestra
felicidad salíamos a dar una vuelta por el barrio.
Mostrábamos nuestros querubines.
Ella de taco bajo y yo sin corbata,
tal como si nos hubieran sacado de un cuadro.
Solo nos faltaba hablar.
El sol nos revestía de gloria y no era para menos.
La radio invadía nuestro espíritu
con esos gloriosos avisos de Juicio Final, cantados.
Siempre estábamos en comunicación:
Buenos días, ¿como está usted?
Buenas noches. Bien gracias. ¿Y su familia?
Bien. ¿Y la suya?
Pero envejecemos juntos. De eso
no hay duda. Otros tienen su propio infierno.
Acércate porque tengo frío. Estas son
las tentaciones que matan. Te conozco de memoria.
Me conoces de memoria. El tiempo cambia, antes
llovía más seguido. Nos gustaba mojarnos. Eramos
jóvenes. Léeme, por favor el pronóstico
del tiempo: el norte claro...
Buenas noches, querida. Dale cuerda
al despertador. ¿Cerraste todas las puertas
menos una? Mañana será otro día.
Mañana será otro día.
Mañana...

viernes, octubre 19, 2007

video

Este es el video de presentación del libro "En la Calle de los Ángeles".
Que lo disfruten.

miércoles, octubre 17, 2007

video

Esta lectura fue realizada por Raúl Zurita, premio nacional de Literatura, en la ciudad de Chillán Viejo. Chile.

martes, octubre 09, 2007

De Nada Sirve…

De nada sirve

De nada sirve aferrarse a los muebles de la casa
Retener en la memoria la gotera
Que mañana arreglarás.

De nada sirve ver las fotos polvorientas
Sentarse en el sillón y fingir que escuchas
O dejar pasar el viento por tu espalda
Cuando la ventana aletea espantando
Las pocas mariposas recordosas de la luz
Que entraba a tomar onces en primavera.

Allí el olor
De mil años está junto a la escalera
Como una pequeña triste acuclillada
Bajo Cristo
Que no vuelve
Que no extiende sus manos
Y no conoce su pena.

De nada sirve buscar tus huellas en la habitación
Correr hasta el rincón donde escondiste
Un calendario en que la chica es la misma
De ayer.

De nada sirve esperar de pie junto a la puerta
Y nombrarlos uno por uno. Nadie vendrá.
El gato que se recuesta en la silla es sólo una sombra
Que no se quiere ir.

La piedra se rompió.

Los pasos vuelven a rondar la casa.


Nací desnudo de ángel

Nací desnudo de ángel
Arrojado a la calle.


Crecí huérfano de ángel
Jugando a la guerra
En un basural.




Una historia que contar

Mis manos tienen una historia que contar
Como historias de barcos hundidos.

Mi padre olvidó mis manos de niño.

Hubo tardes junto al mar
Donde mis manos dejaban partir barquitos de papel.
Todo el horizonte parecía abrazarlos
Luego corría por la playa llamándolos por sus nombres.

Las manos en los bolsillos
El hambre pegada a los huesos
La siesta al sol y una bolsa de visiones espantosas.

Entonces vino el carnaval en la sangre
Esa consolación de la vida.
Tanta veces me dijo:
“Quiero atrapar palomas en la plaza”
Yo reía de buena gana.


Huir de casa

Huir de casa una noche para seguir la banda
La interminable fiesta tomar el pulso de la procesión
Caminar por las calles en una carcajada
Bajo un cielo florecido como el sueño
De un niño.
Hace tiempo yo también lo tuve.
Ceguera (2005)

Nadie escuchó el golpe
En la noche
Ni los gritos
Nadie
Escuchó el motor
De los camiones
Ni los disparos.

Al día siguiente
Ni con el sol vieron
Las manchas de sangre
Junto a la puerta de su casa.
La partida. (2004)

Una mano misteriosa
Movió las piezas
Y quedamos en Jaque.
Poema para atraer la paz. (2003)

[Porque hay días...]

Porque hay días en los que lloro con una infancia que no vuelve
Y me cubro la cara con las manos
Porque hay días en los que lloro y no quiero ver los noticieros
Ni saber lo que nos espera
Porque hay días en los que lloro y me pierdo en lágrimas que jamás lloré
Por tus hijos que duelen en la furia con la que arremeten
Porque hay días y días en los que no sé hablar y lloro un mar de desvelos de páginas que no se han escrito por la madre que perdió a su pequeño de tres años en una noche de luces asesinas que no quiero nombrar
Y porque hay días en los que no dejo de llorar por la joven mujer que salió de su tálamo hacia el duelo
Por el padre que dejaba su vida por llevar el pan a su hogar aquella tarde
Por las lágrimas que no he llorado hasta cansarme por la víctima que miraba a los ojos de su asesino
Porque hay días y más días en los que lloro y mis ojos son un llanto y mi voz es un llanto desde mi cabeza hasta los pies
Por las calles sin niños jugando sus juegos
Por las plazas y cuanto encuentro furtivo
Porque ya no están las muchachas ya no están todas sus carnes para el amor
Por el sonido de los cristales rotos
Lloro en estos días cómo si mis lágrimas pudieran detener la Muerte
Muerte que se llame como se llame en alguna selva desierto gran ciudad o pequeña ciudad tan insignificante que no figure en los mapas de la CIA
O de algún señor que vive bien pensando en donde establecer el negocio de su fe
Porque hay días cómo éstos que lloro de rabia por un cielo que se gana a estallidos de muerte
Porque hay días cómo éstos que lloro de rabia con rabia contenida por todos los que han partido sin tener tiempo para dejar un beso en la mejilla
Porque hay días en que no me entiendo que hago durmiendo en mi cama
Y del café de todas las mañanas
Y de las reuniones con los amigos y de la bolsa de Nueva York o de la moda en Milán
O el resultado del clásico del domingo
Porque hay días como éstos en los que lloro por cualquier Bosnia Auschwitz Vietnam o Tel- Aviv Bogotá o Santiago de Chile o dónde sea
Lloro por no haber llorado antes por no haber escrito antes este poema
Porque hay días en los que lloro con una infancia que no vuelve y me cubro la cara con las manos.
De “Estaciones”. (1990)

[El cielo...]
El cielo se llena de acrobacias
Bajo mi nube secreta
Estoy cantando
La agonía de la tarde
Unas cuantas estrellas han caído en mi arroyo
Mis ojos anidan el
Retorno
De tus ojos de estío
Llueve
Lluvia íntima
Un pájaro que inicia su vuelo
Deja caer
El otoño.
De “Poemas Libres.” (1986)

1.
Había una vez un hombre
Que soñaba con la felicidad
Y mientras soñaba
Era feliz.


2.
Recuerdo un pueblo
Que cantaba
De sol a sol
Hasta una mañana
De fusiles lejanos.